-Hola Pablo, anoche me has soñado.
Me quedé petrificado. El tren detenido, la muchacha de ojos negros me penetraba con su mirada y cada una de las personas que me rodeaban estaban completamente inmutadas, como si una mano divina hubiera presionado el botón de pausa de los controles de la realidad. Lucía se acercó aún más hacia a mí, moviendo su cuerpo con un balanceo perfecto, abarcándolo todo: mis pensamientos, mis sentimientos y mis deseos más profundo, incluso aquellos de los que me avergüenzo. Se sentó en el asiento frente al mío. ¿He dicho ya que vestía de negro? ¿He dicho ya que llevaba unas botas de Trekking que le cubrían los tobillos? Bueno sí: vestía de negro y llevaba botas de Trekking que le cubrían los tobillos. El tren se empezó a mover al mismo tiempo que Lucía sacaba un delicado cartón negro del bolsillo de su campera.
-¿Hermoso día, No? Me encanta cuando el sol entra por la ventana, cuando el cielo se ve puro y los pajaritos vuelan de acá para allá.
Sus ojos vibraban, sus manos jugaban con la tarjeta negra que había sacado del bolsillo.
-Pablo, ¿Alguna vez te has preguntado si existe un mundo detrás de este mundo? ¿Acaso no tienes la sensación de que hay algo más, algo escondido en algún lugar que te estás perdiendo? ¿No sientes que en algún lugar hay una puerta que te lleva a algún lugar diferente, donde lo más importante no son el dinero, el trabajo, lo que diga la gente, si no otra cosa? Yo te puedo ofrecer la llave que abre la puerta a ese mundo, pero tú tienes que abrirla.
-¿Quien sos?. Le pregunté.
-Soy Lucia, ya te lo he dicho.
-Pero, ¿De dónde te conozco?.
Sentí miedo, había algo en el trasfondo de sus palabras, al fin y al cabo tenía razón: desde que soy consciente de mi nombre sé que existe algo más detrás de este mundo áspero y celoso, pero estoy seguro que todo el mundo siente lo mismo. No puedo creer que toda esta gente que toma el tren cada día a las ocho de la mañana piense que esta peregrinación a la muerte es todo lo que tiene para ofrecernos la vida. ¿De dónde conozco a esta chica? Cuando llegué a Alemania cerré mi cuenta de facebook por lo que estoy seguro que no me ha stalkeado vía internet. En la Universidad no soy precisamente uno de aquellos hombres populares que hacen millones de actividades, conocidos por todo el mundo. Tal vez es una de esas bromas que les hacen a la gente en la calle mientras los graban con cámaras de vídeo para después subirlo a youtube y sacar conclusiones sobre los comportamientos sociales. Tal vez esta chica me quiere vender drogas. Tengo algunos amigos que se drogan en fiestas para pasarla bien, tal vez le dieron mi contacto. Sea lo que sea no me puedo explicar cómo es que la soñé en la noche anterior, ni cómo es que ella sabe que la he soñado. Tiene que haber alguna explicación.
-Pero, ¿De dónde me conoces?
-Pablo, veo que tienes miedo.- Parecía adivinar mis pensamientos. -Te conozco mucho más de lo que crees. Sé que todos los días te preguntas qué estás haciendo de tu vida, hacia donde vas, quien eres. Sé que quieres respuestas, que sientes que este mundo no tiene un lugar para alguien como tú.
-¿Y como es que sabes todo eso? Nunca hablo con nadie sobre lo que pienso, la gente no sabe entender los sentimientos. Ellos sólo piensan en trabajar o en la casa que se quieren comprar o el lugar a donde se quieren ir de vacaciones. ¿Que podés saber vos de qué es lo me pasa adentro?- Ahora estaba enojado. ¿Quién era esa Lucía para venir a decirme lo que siento? - ¿Me encontraste en facebook?¿Esto es una broma para YouTube? - Una corta carcajada salió de su boca.
-Pablo, estás enojado. No, no es una broma para YouTube ni te encontré en facebook. Te conocí acá, en el tren y te estoy buscando en los sueños desde hace más de un año. Anoche te encontré. - Soy un tipo muy racional. Muy racional. Pero las explicaciones de esta muchacha eran absurdas.
-No te entiendo, no te creo nada- Le dije con un poco de bronca.
-Eso es porque estás tratando de entender con la cabeza cosas que se entienden solamente con el corazón.
Al escucharla suspiré profundo. Esa misma frase se la dije a hace dos días a una amiga que vive en España mientras tenía una crisis existencial. Me quedé mudo. ¿Será que todo lo que dice es verdad? Ya tengo treinta años. Sé que no me va a pasar nada nuevo en mi vida. El camino que voy a andar en el futuro será un simple reflejo de lo que fue mi pasado. No sé hacer otra cosa que trabajar y a esta altura no lo puedo cambiar.
-Bueno Pablo, me tengo que bajar. La vida es movimiento, Quedarse quieto en un mismo lugar significa que tu destino queda en manos del azar, y la verdad es que el azar no me gusta nada. Si quieres respuestas acá está la llave de la puerta que debes abrir.- Dejó la tarjeta negra sobre mi rodilla izquierda, se levantó al mismo tiempo que el tren se detenía en la parada de Wasserstrasse.
-¡Eh! ¡No entiendo nada! - dije medio gritando, rogando que me dé más explicaciones, que me diga que todo es una broma o que no lo es. Descubrí muy adentro que ese miedo profundo es en realidad miedo a tener esperanza una vez más y que luego todo se desvanezca, como se desvanece el amor a una persona que no te corresponde.
-No hay nada que entender.
Se bajó del tren junto al malón que todo los días continuaban su rutina a la misma hora en esa parada. Se fue. Me sentí vacío. Mierda, por un instante esa mujer me dió esperanzas. Miré la tarjeta: un suave cartón negro mate con sólo una palabra escrita en letra blanca de molde: Lucía. Del reverso, nada, vacía, tan negra como la confusión que me quemaba los ojos. Me quedé sentado en el tren, muy triste. Ya no me importó la coreografía cotidiana ni el acento gracioso con el que el hombre del tren me indicó la parada, ni presté atención al camino hasta llegar mi oficina, que abro con una llave magnética que nunca falla. Mail de mi jefe:
"Pablo:
Necesito las probetas de Cromo-Níquel para la tarde. Vamos a correr unas mediciones para chequear la presencia de segundas fases. Te espero en el microscopio a las dos con las muestras.
Jan"
El mail me volvió a la realidad de un solo golpe. Tenía listas casi todas las probetas, me faltaba sólo una, así que me fui al laboratorio a terminar de prepararla. Así transcurrió mi día, con esa sensación de despertarme una y otra vez de un sueño dentro de otro sueño. Para el mediodía tenía todo listo, así que pasé por la oficina de Kourosh, un amigo Iraní, para ver si quería almorzar conmigo necesitaba hablar con alguien sobre lo que me había pasado.
-¿Has visto Memento?.- Me preguntó Kourosh en el comedor mientras comíamos.
-No.
-¿Requiem por un sueño?
-No.
-¿Vanilla Sky?
-No.
-¿Big fish?
-No.
- Mierda, no has visto nada.- No me creía mucho lo que le estaba contando. Me acordé de la tarjeta y se la mostré:
-Esto no dice nada. ¿Cómo contactar alguien teniendo simplemente el nombre de pila?.
-No lo sé. Para mí también todo es muy raro.- Le dije con un tono bastante resignado.
-Tal vez te encontró en Facebook y te está haciendo una broma para YouTube.
-Yo pensé lo mismo, pero ¿Como se explica que haberla soñado la noche anterior?.
-No lo sé, todo es muy confuso. No es que no te crea, porque a vos te creo todo, pero es difícil de entender.
-Claro, eso mismo es lo que yo siento.
Decidí callarme, tal vez fue un error hablarlo con él: ahora va a pensar que soy un mentiroso, que estoy loco o aún peor: que quiero llamar la atención contando historias fantásticas. Finalmente pedimos un café y seguimos hablando de otras cosas, hasta que llegó la hora de trabajar con mi jefe. Así se gastó todo mi día, comiendo, haciendo, trabajando como todo buen ser humano. No tuve tiempo de pensar en Lucía, ni en los sueños, ni en el mundo oculto que estoy buscando desde que nací. Antes de irme a dormir pensé que el hombre es un animal de costumbre: a la mañana aparece una mujer que me lee los pensamientos y revela que me puede mostrar otro mundo y yo me pierdo el resto del día en las ocupaciones que me tienen atado a la rutina de cada día. A la medianoche, cuando la ciudad ya estaba en silencio, casi dormida, sentado en mi cama tomé la tarjeta negra y mientras leía el nombre de Lucía en letra cursiva blanca, pensé:
"Espero encontrarte mañana en el tren otra vez".
Lo que esperaba era lo que estaba por soñar esa noche.
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