jueves, 12 de enero de 2017

Las consecuencias circulares

En una fiesta me cuelgo mirando un grafiti que me recuerda el infinito. Pienso en el infinito y en las historias circulares. Recuerdo que hace unos días encontré una billetera en la Blumenstrasse, la calle donde vivo en Bochum. Recuerdo que esa tarde volvía  del supermercado y veo una cartera de cuero y una mandarina en el piso. Alguien compró mandarinas y otras cosas, no pudo manejar todo y finalmente todo fue a parar al piso, donde se olvidó una mandarina y la billetera. La meto en el bolsillo, pienso que luego la chequearé y como un héroe la devolveré a su dueño intacta, tal vez ocurra algo que después me sirva para contar alguna anécdota interesante. Ya en mi casa veo que la billetera tenía millones de tarjetas y bastante dinero, que no voy a tocar, obvio. En la Identificación veo que es de una mujer, rubia, bonita, de lindo mirar, que sorprendentemente reconozco. Es mi vecina, Lotti. 



Le escribo vía telegram (lo aclaro porque recién empecé a utilizarlo y me da mucha curiosidad) Es raro decirle a alguien que encontraste su billetera: por un lado quieres darle la alegría de que alguien honesto encontró algo que seguro se lamenta de haber perdido y por otro lado no quieres quedar como un ladrón que quieres robar más. Como yo conocía a la dueña no tenía esa incomodidad, pero igualmente se sentía raro. Lotti es enfermera de urgencias, creo que le dicen paramédico en español, de esas médicos que son llamados y tienen que salir rajando a una emergencia: por ese motivo es la única en el grupo de amigos que tiene auto. En su cartera también encontré su licencia de conducir, lo que me hizo pensar que tal vez, como yo le devolví su cartera inmediatamente después de que la perdió, en los días subsiguientes ella pudo salir disparando en su autito amarillo a salvar a alguien en una emergencia. Desde allí mi mente voló y descubrí que sucedieron muchas cosas para que yo, ese día pase por esa calle y encontrase los objetos perdidos de Lotti. 

Descubrí que si yo no hubiese trabajado hasta tan tarde no hubiese pasado a esa hora. Fui más allá aún: si no me hubiese mudado a Alemania, lo mismo. Llegué a Ella. SI no me hubiera enamorado en Bariloche y si no me hubiera decidido dejar Buenos Aires porque un amigo me contó lo de la maestría en Bariloche jamás se me hubiese ocurrido mudar a Bochum. Es más, si no me hubiese mudado a Buenos Aires para trabajar, discernir mi vocación espiritual y finalmente trabajado en la Comision de Energía Atómica de Argentina, nunca hubiese hablado con mi amigo sobre el trabajo que estaba haciendo que luego me llevó a Bariloche. Lo que me lleva a pensar en Cecilia, la amiga de mi hermana que me invitó por primera vez a las actividades de la Iglesia, hace quince años. Mi hermana Daniela conocía a Cecilia porque jugaban juntas al voleybol en Tucumán, por lo que si Dani no hubiese jugado al vóley jamás hubiera conocido a Cecilia, por lo que yo no hubiese decidido quedarme en Buenos Aires más tiempo de lo previsto.

Dani decide jugar al vóley en Tucumán hace quince años y Lotti salva a una persona en una emergencia en Bochum, Alemania. Todo está conectado, todo gira en círculos, todo tiene sentido si pensamos que la vida es algo que fluye y que a veces las cosas más estúpidas y trascendentales cambian el rumbo de la humanidad completa, como el aleteo de una mariposa en Argentina que produce un tsunami en Japón. 

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